En el Congreso de Tamaulipas, la voz de Gerardo Peña Flores se ha ido apagando. Lo que alguna vez fue una figura combativa del PAN hoy parece una sombra de la bancada azul, más preocupada por mantener buena relación con el partido en el poder que por defender los principios de Acción Nacional.
Mientras la ciudadanía enfrenta tragedias, indiferencia y mentiras, el silencio de los diputados panistas retumba. Callan como momias ante los abusos y se muestran complacientes con el gobierno estatal morenista.
“GP”, como se hace llamar, fue nombrado recientemente integrante del Consejo Nacional del PAN, una posición que, lejos de fortalecer al partido, confirma su habilidad para construir puentes… con Morena. Porque en política, la complicidad también es una forma de abandono.
La supuesta alianza sólida con César “El Truko” Verástegui parece más un acuerdo de conveniencia que una estrategia de oposición. Peña y compañía asisten a eventos morenistas disfrazados de “informes de gobierno”, mientras en el Congreso bajan la cabeza ante el agandalle del Poder Judicial.
Ahí está Peña Flores, presente y sonriente, participando en las ceremonias de nombramiento de nuevos magistrados impulsados por Morena.
¿No sabrá lo que hace?
Claro que lo sabe. Juegan la carta del “Acción Responsable”, la misma que ha llevado al PAN a perder credibilidad y a convertirse en uno de los partidos más rechazados del país.
En Tamaulipas, el panismo parece haber perdido la voz. Y Gerardo Peña Flores es el mejor ejemplo de cómo el silencio también puede ser una forma de rendición.





















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